lunes, 1 de enero de 2018

PIC PIC PIC - el llamado de la conservación que espera tu respuesta!*

Agradecimientos y Alegrías para todas y todos los que nos acompañan esta mañana!

¡Hoy los invito a celebrar la biodiversidad! La mayor singularidad conocida hasta ahora en nuestro universo, tan maravillosa como compleja, tan ubicua como idiosincrática. La biodiversidad que permite nuestra propia existencia, y nos conecta ecológica y evolutivamente con cada manifestación de vida pasada y futura de nuestro planeta.

 

La verdad última es que SOMOS, gracias a que existe naturaleza. Millones de seres vivos no humanos –la biodiversidad- entrelazados en comunidades variopintas, las que conforman ecosistemas, una red viva que produce todo lo que necesitamos para nuestro bienestar y disfrute, desde el oxígeno y agua dulce, hasta alimentos, medicinas, materias primas, suelos fértiles, controla pestes y enfermedades, provee belleza escénica, alimenta nuestra dimensión espiritual, entre muchos otros beneficios.


Sea en formato de individuos desdentados, comunidades indígenas, grandes empresarios, compañías, sociedades científicas o agrupaciones sociales, Estados, economías locales o globales- los humanos no podemos SER, ni menos aspirar a prosperar a espaldas de natura.

Pues tal como que existe la ley de gravedad y que la tierra no es el centro del universo, las ciencias han demostrado que humanos y naturaleza, gentes y océanos, pueblos y su patrimonio natural, confluyen en un mismo sistema: donde lo ecológico y lo humano conforman un entramado socio-ecológico, que es a la vez complejo, indivisible, cambiante-histórico, y por sobre todo diverso.


 
La degradación de natura, nos degrada como sociedad. Y genera o alimenta los diversos problemas que estallan en todos los ámbitos de nuestra humanidad, sean económicos, sociales, culturales…

Es justamente la degradación de esta vida –o biodiversidad- el mayor problema global que enfrenta la sociedad, que se ve agravada por condiciones de cambio climático, disrupción de ciclos biogeoquímicos, entre otros. Y la respuesta a esta degradación es la conservación de biodiversidad, una ciencia de emergencia y de acción.

Con varios años acumulados de experiencia en esta práctica, reconozco algunas claves (todas obvias por cierto), que pueden guiar el proceso de la conservación a buen puerto, incluyendo: asumir la complejidad, abrazar la incertidumbre, diseñar/implementar procesos que permitan aprendizajes compartidos y mejoras sucesivas, impulsar estos procesos a escala local –con actores relevantes de manera transparente- y conectarlos con fenómenos de orden global…y por sobre todo…entrar en estos procesos de manera colaborativa.

Nuestro mundo, sin embargo, ha seguido a ojos cerrados aquella idea que la competencia es el motor más importante de cambio, bienestar, desarrollo y más. Teorías como la evolutiva darwiniana, pasando por el libre mercado, se basan en el supuesto que mientras más y mejor compitamos, “más mejor” seremos.

Con el devenir de la humanidad se han ido derribando muchos de estos paradigmas, constatando que muchos de estos supuestos están lejos de ser verdaderos. Ocurre lo mismo con la competencia, cuyas consecuencias de aplicarla a todo quehacer humano a rajatabla han sido nefastas. No sólo para los humanos, sino para la miríada de otras especies con las que compartimos este planeta. Y de las cuales dependemos, tal como la Tierra depende del Sol.

Muy por el contrario, la evidencia de la vida –la biodiversidad- nos viene mostrando hace tiempo que la colaboración parece ser por lejos el mayor generador de valor y bienestar. El más grande motor de avance y progreso. La existencia de seres complejos como los humanos por ejemplo, no podría ocurrir si no existiese colaboración e íntima vinculación entre células y órganos de nuestro cuerpo.

Se ha propuesto que la colaboración en su grado máximo: la simbiosis, por ejemplo-donde un organismo no puede existir en ausencia del otro- habría permitido complejizar las células primitivas, facilitando la integración de la maquinaria fotosintética o respiratoria en plantas y animales complejos, y con ello gatillando el estallido brutal de vida que cubre todo nuestro planeta.
….Tarea espinosa esta de la conservación…por decir lo menos… en un país (y mundo) que ha se ha empeñado en promover un falso antagonismo entre humanidad y natura, y que como corolario de aquello ha sido ciego a la extensión natural de su propia existencia.

En Chile por ejemplo, esta ceguera nos hace creer que las plantaciones son bosques, que los conejos son animalitos propios de nuestros campos, alimenta nuestro imaginario de que la naturaleza es algo que está por allá lejos, en Patagonia, distanciada de nuestras ciudades, de nuestros cultivos, alejada de nuestro diario vivir…

Lo más errado y preocupante de esto, es que pensamos que el bienestar humano y las actividades económicas que realizamos son cosas que podrían vivir y florecer en espacios vacíos, desprovistos (y no dependientes) de especies o ecosistemas...cuando es justamente el reconocimiento de esta relación de dependencia de sociedades y economía con la salud de la naturaleza, el punto de partida para comenzar a ordenar y dirigir más efectivamente los esfuerzos que estamos realizando como humanidad. 

Tal es el caso de la Agenda 2030 que fija un rumbo global respecto al desarrollo, instando a los países a intensificar sus esfuerzos para terminar con la pobreza, reducir la desigualdad y luchar contra el cambio climático. Esta agenda se resume en 17 Objetivos de Desarrollo, cuyo ordenamiento jerárquico natural pone en la base aquellos relacionados con conservación, a la vez que reconoce el rol de las empresas, destacando la necesidad de un trabajo cooperativo público-privado para alcanzar estos objetivos.

Estas declaraciones son fáciles de hacer desde un think tank, una casa de estudios, o incluso un Directorio, pero “otra cosa es con guitarra”… cuando tenemos que hacer carne estas ideas en la realidad, involucrando a instituciones variadas, compuestas por personas variopintas, cada una (institución/persona) con sus propios objetivos y métodos, historias, capacidades, … la marcha se pone complicada…y lo que ocurre muchas veces, es que a pesar de las buenas intenciones…los excelentes y declarados principios…las cosas no funcionan y no obtenemos los resultados esperados. Esto genera frustración y profundiza la desconfianza propia y colectiva de poder salvar un nuevo o similar desafío.

La tarea de conservación se basa y requiere colaboración. Y estoy convencida que el mayor cambio cultural que debemos enfrentar para poder resolver la crisis de nuestra biodiversidad (y de las otras asociadas a ella), pasa por promover y contagiar la colaboración dentro de nuestro país…y fuera de él.

Lo que he constatado en mi propio camino…a fuerza de probar-fallar-volver a intentar, es que en cada Institución -pública, privada, local, global- existen personas que miran el mundo de manera colaborativa. Y otras que no. Existe en todo lugar seres que reconocen la necesidad de sumar esfuerzos y de invertir su trabajo en la generación de bien común. Y otros que no. En cada espacio humano hay individuos que intentan construir en base a conocimiento compartido, a la vez que hay otros que imponen sus planos arquetípicos a como de lugar. Existen los sujetos que trabajan para la foto y el informe de cumplimiento, al mismo tiempo que otros lo hacen mirando más allá de si mismos, intentando impactar positivamente la porción de realidad que les compete o interesa. 


Manuel Moller y Diego Rigo-Righi, CEO y COO de Preserve in Community
   
Son los que yo llamo los "mutantes colaborativos"… que tal como las modificaciones que afectan el ADN y que son el sustrato mínimo necesario para que opere la evolución, se transforman en la humana clave para materializar los anhelados cambios por los que clama hoy la humanidad.

...Entonces, si aspiramos a tener la opción de transformar nuestro mundo, esperando llegar a uno mejor, sólo nos queda identificar y promover estos mutantes, y dejar florecer a través de ellos la cooperación. En todas sus formas. Que aflore y brote por cada rendija nacional. Sumar a sus causas, aprender de sus prácticas.

Construir con estos mutantes los proyectos que necesitan ser construidos. Cada uno un reguero de sinergia. Cada uno un agente de contagio. Inoculadores de mutualismos, reciprocidad, entrega y más. Nodos humanos de redes transformadoras. Impactando comunidades y catalizando la transmisión de este extraño y necesario virus de la cooperación. Impulsando su propagación incluso más allá de las comunidades humanas…

Manuel Moller y Diego Rigo-Righi, y gran parte de los aquí presentes, son ejemplo de estos mutantes. La semilla de PIC que nos han invitado a sembrar hoy nace de esta extraña y poderosa innovación que es la colaboración.

Nosotras, mutantes expertas en las teorías de conservación de biodiversidad y con años de carrete acumulado en su práctica, no podemos sino sumar a su esfuerzo. Disponer nuestra experiencia para alimentar esta semilla, y servir de sustrato para hacerla crecer e idealmente ayudar a su propagación. 


  Chile es un país millonario en biodiversidad, sostén de sus máximas riquezas humanas y económicas, que se ha venido degradando y erosionando con impacto actual y futuro nefasto. Si aspiramos a mejorar y mantener el bienestar de nuestra sociedad y economía, la protección y promoción de este capital natural se torna no sólo un mandato urgente, sino ineludible.


 
Esta tarea requiere de la gestión efectiva de la conservación a través de diversos instrumentos, siendo el más conocido (aunque no el único) las áreas protegidas. Este es un esfuerzo complejo y de largo aliento, que precisa de recursos, no única, pero especialmente financieros.

El desafío de la conservación de nuestro país nos une. Y gracias a PIC esperamos potenciar este llamado a la colaboración de verdad. Sumando nuestra capacidad y experiencia para catalizar la materialización de la conservación efectiva, necesaria para hacer funcionar a los millones de hectáreas de mar y tierra que hoy declara proteger nuestro país.


Y a contribuir así a la construcción de este olvidado motor de desarrollo, que permita aspirar a un mayor y sostenido bienestar para nuestra población humana, y las poblaciones de los miles de otros seres con lo que cohabitamos Chile.

Muchas gracias. ¡La invitación y el compromiso ya están hechos!



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