viernes, 11 de diciembre de 2015

Jardines de Sanssouci, o inversiones apropiadas para enfrentar problema de calentamiento global

El pasado mes, en el marco de un taller internacional de conservación privada realizado en Berlin, visité los jardines de Sanssouci, en la vecina ciudad de Potsdam. Estos jardines han sido construidos a lo largo de centenas de años, con el objetivo de albergar los caprichos estivales de diversos reyes prusianos, incluyendo a Federico el Grande. En la actualidad Sanssouci incluye cerca de 3,000 árboles, en sus casi 300 ha de terreno, los que sirven de matriz a un número importante de palacios, esculturas, fuentes. Todo un paisaje humano, de gran significancia para el pueblo alemán.

Este pequeño espacio también recibe los embistes del cambio climático, y Alemania espera invertir cerca de $50 millones adicionales de euros cada año, para poder mantener el jardín tal como está ahora.

Es interesante analizar este caso, a la luz de la discusión que ahora mismo se desarrolla en París, en la COP21, la que espera acordar mecanismos que permitan reducir el calentamiento global.

En un contexto global, se ha reconocido que la detención de la deforestación amazónica podría por si sola detener el incremento de temperatura de nuestro planeta. Al mismo tiempo que se reconoce el valor que tienen las áreas protegidas no sólo para ayudar a frenar los efectos de cambio global, sino para permitir la adaptación y amortiguación ante sus efectos, tanto por especies humana como no humanas.

Uno de los sectores más valiosos de la Amazonía es Yasuní, en Ecuador: casi 10,000 km2 de selva tropical, rica en especies, gentes, y petróleo. En una iniciativa fallida, este país ofreció al mundo la posibilidad de conservar los bosques a cambio de la creación de un fondo que permitiera aportar recursos para el desarrollo del Ecuador. Se esperaba recaudar US$3,600 en 13 años, y sólo se juntaron US$13, al cabo de tres años de esfuerzo. Si sólo se hubiese asegurado un aporte equivalente a la jardinería anti-cambio-climático de Sanssouci, se habría reunido en 10 años, casi el 15% de este monto. Con 7 otros aportes como este, se habría podido salvar todo Yasuni. Aportando de manera significativa a la reducción del incremento de temperatura terrestre. Que es justamente lo que se quiere amortiguar invirtiendo 50 millones adicionales de euros cada año en Sanssouci.

Chile tiene casi un 20% de su territorio en áreas bajo protección, las que albergan vastas y valiosas extensiones de bosques, humedales, campos de hielo, cursos de agua, mar abierto, todos ecosistemas críticos para mitigar los efectos del cambio climático. Aunque somos un país “rico”, invertimos casi nada en la gestión de estos territorios, y tenemos un déficit cercano a los US$60 millones anuales. Un año de poda de Sanssouci, podría mantener las casi 16 millones de ha de ecosistemas naturales que hoy están protegidos en el papel en Chile. Para dimensionar el valor de estas áreas pongo como ejemplo Karukinka en Tierra del Fuego, donde hay cerca de 60 millones de árboles maduros, vivos, sanos, capturando CO2 atmosférico. Aportando desde el hemisferio sur a la mitigación  efectiva de los efectos del cambio climático. El mismo que afecta la mantención de la postal tradicional de Potsdam.

A partir de estas comparaciones, se devela uno de los grandes problemas de esta discusión parisina: un problema global como este, sólo puede resolverse analizando y decidiendo inversiones de manera estratégica, a escala global. Esto requiere mirar más allá de las fronteras de cada país, de cada continente incluso, de cada grupo de poder, de cada compañía, de cada comunidad, de cada ciudad, para ver cómo invertir de manera efectiva los millones que ya están destinados a este problema. Ese es el verdadero desafío. Es el mismo que experimentamos en Chile a diario, cuando debemos decidir cómo invertir los fondos nacionales, y privados, en temas de conservación. Resulta que cuando el análisis se hace a la escala adecuada, de manera estratégica e integrada, se abren todos los espacios para la generación de bien común, y comienzan a aparecer las soluciones a problemas que pensamos no la tenían.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Manifiesto por la educación para la conservación del mar chileno*

Desde hace ya una década, dirijo un proyecto de conservación de biodiversidad en Tierra del Fuego: El ParqueKarukinka. Un lugar donde la vida terrestre como la conocemos, casi toca a su fin, y se adentra en el frío océano sub-antártico para dar paso a la maravilla que es la vida marina, en uno de los océanos más diversos, hermosos  y productivos del mundo: el mar Patagónico. Allí, en los confines de nuestro continente americano, se entrelazan de manera natural océanos Pacífico y Atlántico, un encuentro de dos mundos tan feroz como permanente.

Tanto como que existe la ley de gravedad y que la tierra no es el centro del universo, la ciencia ha demostrado que humanos y naturaleza, gente y océanos, confluyen en un mismo sistema. Se manifieste a escala global, o a escala de un pequeño fiordo patagónico... la verdad última es que los humanos no pueden acceder ni mantener bienestar, si no son capaces de mantener ecosistemas sanos y pujantes. La degradación de los ecosistemas marinos por lo tanto, redunda directa y ampliamente en pobreza y miseria. 

Dada la naturaleza histórica, compleja, de la vida que bulle en los mares, su protección precisa de un abordaje diverso e integrado, única forma de aspirar a éxito en esta tarea.

Un ejemplo de este océano austral es  el Seno del Almirantazgo, un fiordo como tantos otros fiordos patagónicos, que es hábitat de biodiversidad singular y bella, de enorme valor ecológico, económico, cultural, e incluso espiritual. Un pequeño ejemplo que se repite a lo largo de las costas de Patagonia, haciendo de este océano, uno de los más misteriosos y valiosos del planeta, y efectivamente uno de los más demandados y menos protegidos.

Con el deseo de aportar al que constituye el mayor desafío que enfrenta hoy la humanidad: la pérdida de biodiversidad, incluyendo especialmente la marina,  hemos promovido el uso del Seno de Almirantazgo como un gran laboratorio natural. Una enorme y verdeazulada placa de Petri que nos permita desarrollar y poner a prueba herramientas que nos ayuden a hacer avanzar las fronteras de lo que es posible, y nos permitan alcanzar la conservación de nuestro mar.

Gran parte de los “experimentos” que hemos desarrollado en estos alejados parajes han sido educativos. Porque aunque cueste creerlo, niños, jóvenes e incluso profesionales de Tierra del Fuego y del resto del país, no conocen la biodiversidad de su tierra. Y cuesta creer que rondan por sus cabezas tigres, leones, elefantes, jirafas, pinos o rosas, sin existir en sus mentes siquiera un atisbo de huemul, o un pingüino magallánico. A pesar de vivir en una de las zonas con menor huella humana, con acceso a las mayores extensiones de biodiversidad de Patagonia, especies como guanacos, zorros, albatros, quedan rezagados en la mente de nuestros australes compatriotas. Para qué decir de biodiversidad marina! Ella simplemente...muchas veces no existe. Y como consecuencia de esta ceguera, agoniza la posibilidad de su conservación.

Y es por ello que desde hace más de una década hemos desarrollado el que quizá es el programa de educación para la conservación más importante de Tierra del Fuego. Lo cual suena rimbombante, pero no lo es tanto, cuando se considera la escasa población humana que habita estos parajes. A los largo de los años hemos realizado numerosos esfuerzos para difundir el conocimiento y valoración de la biodiversidad patagónica, y promover su conservación.

Pero dado que la realidad es lo que consideramos verdadero. Y lo que consideramos verdadero es lo que creemos. Lo que creemos se basa en nuestras percepciones y lo que percibimos es aquello que estamos dispuestos a ver. Desde Patagonia, nos hemos esforzado por hacer de nuestro ejercicio educativo una alternativa para cultivar el ojo, para preguntarse por lo que no se ve. Y el océano está colmado de cosas invisibles. La educación que hacemos nos dispone a ver el mar como nunca antes hemos necesitado ni querido verlo. 

No pensamos la educación en el sentido clásico de entrar en un aula, para intentar adoctrinar a niños y jóvenes en materias específicas, sino desde una mirada más esencial: ejecutándola educación como un arte para la transformación.

En este caminar educativo, hemos podido develar a la comunidad fueguina y de sus alrededores, muchas veces por primera vez, la existencia de biodiversidad nativa, endémica, valiosa y bella. Hemos delineado herramientas educativas que nos ayuden a romper con falsas creencias, superar cegueras culturales, empujándonos a visitar el mar, levantar sus rocas y escarbar su arena, curiosear con jaibillas y huiros, dejando que esta vida marina nos colonice de pies a cabeza. Una educación que nos permita reajustar nuestros hábitos mentales, y nos permita reconocer el azul del mar, su movimiento eterno, su bullada y compleja vida acuática.

Un auto desafío crítico ha sido la creación de material educativo local, con especies y ecosistemas locales…materiales todavía inexistentes en Chile. No quiero detenerme en el hecho que hemos ejecutado más de 17 proyectos de educación, canalizado fondos de todas partes del mundo para financiarlos, convocado y alineado a más de 30 socios locales, nacionales y globales en esta empresa, convocado a más de 40 escuelas y más de 7000 estudiantes de la región, quienes han participado de manera directa en nuestra actividades educativas.


No quiero detenerme tampoco en mencionar que este esfuerzo educativo no ha pretendido nunca estar confinado a las aulas, sino a tocar a la comunidad fueguina toda. Es así que en este proceso hemos trabajado con pescadores artesanales, con profesores de toda la región, guardaparques, incluyendo uno de los sitios más aislados nacionales, como es Puerto Edén, último refugio de la población Kaweshkar.

Hemos producido materiales con identidad local, en formatos variopintos incluyendo libros, videos, juegos, trivias, guías de campo, coloreables, los que hemos distribuido en números que sobrepasan los 30 mil ejemplares, haciendo esfuerzos por incluir a discapacitados, entre muchos otros. Hemos promovido y participado en decenas de ferias científicas escolares, creado clubes, cafés y chocolates científicos, niños y niñas ganadores! que desde este alejado confín de nuestro país, han logrado vencer en sus categorías a nivel local, regional e incluso nacional. Nuestro esfuerzo ha sido reconocido por nuestros queridos socios del Liceo Fueguino, y del Ministerio de Medio Ambiente, líder natural del tema de conservación en Chile.

...Nada malo para un pequeño programa, que crece a contratrapelo, capeando el viento patagónico y otros azotes no tan naturales. Como muchos de los programas de educación para la conservación del mar que flotan, a veces a la deriva, a lo largo de nuestra costa.

Las experiencias educativas marinas existentes en Chile son extraordinarias. Construidas a pulso, lejos de la urbe metropolitana, con recursos financieros menos que escuálidos. Muchas de ellas no sólo han sido capaces de mantenerse, sino de crecer en el tiempo. De ellas han surgido los clásicos productos tangibles: como libros, folletos, videos educativos, los cuales sirven de ladrillos que se utilizan una y otra vez para construir esta nueva cultura. Pero la mayor parte de este esfuerzo son productos tan valiosos como intangibles. Contingentes cada vez crecientes de personas con una nueva y común visión, dispuestas a trabajar para llevar este océano de hoy al próximo siglo. El dorado de nuestra América finalmente aflorando.

Sabemos que nuestro esfuerzo vale la pena, pues el mar de Patagonia es una porción valiosa del océano de nuestro planeta. En sus costas casi infinitas, alberga biodiversidad de singular valor ecológico, que ha moldeado culturas, a la vez que hoy sostiene diversas industrias de envergadura local y global.

Es en efecto la costa de Patagonia una muy buena metáfora del valor y los desafíos que enfrentamos día a día, aquellos que desde diferentes trincheras, intentamos educar sobre la importancia de nuestro océano, promoviendo su conocimiento y conservación. Estas costas son enormes. Vastas como todo el mar de personas que necesitamos impactar con nuestro mensaje de conocimiento y cambio cultural. Es un mensaje que nace una y mil veces, en cada recoveco de mar, en cada isla aislada. Pero también es un mensaje que el viento fresco tumba una y otra vez, y que corrientes y remolinos marinos alejan de las costas, impidiendo su buen arribo a puerto.

Ya lo vimos en el video: iniciativas como las impulsadas en Karukinka hay muchas en Chile. Todas diferentes. Todas similares. Programas de educación más o menos grandes, que permanecen más o menos en el tiempo. Esfuerzos locales por generar acciones de educación variadas, relacionadas con turismo, uso sustentable, oceanografía y tantos otros temas. Existen a lo largo de nuestras costas cual islas de este archipiélago.

Son escasas las oportunidades que existen para reunir cada uno de esos mundos, menos para trabajar cooperativamente en torno a una visión integrada de educación para la conservación, y menos aún para sostener un trabajo de largo aliento, que permita construir entre estas islas, puentes variados y efectivos. Parte de estos problemas ya han sido comentados por Pablo, Miriam y Alexa. Y lamentablemente reflejan la base de lo que quizá son los desafíos más grandes que tenemos para abordar el tema del cambio cultural para la conservación.


Por ello, en un automandato ineludible, ha sido la de reunir nuestra pequeña pero significativa experiencia de educación, a otras. Más o menos Pequeñas, mas o menos elocuentes. Y hemos junto a ellos intentado delinear una visión común, y forjar herramientas variadas. Y hemos constatado que la única forma de escalar estas pequeñas experiencias es reunir esos esfuerzos.

No cabe en este proceso nada más ni nada menos que un liderazgo inclusivo, que carente de ego, permita promover el bien común, el que llega irremediablemente cuando se conserva el océano todo.

Como todo cuando nace, cosas y procesos, se nace pequeño. Micro-cambios culturales hoy son empujados por iniciativas de educación a lo largo de Chile, Estos cambios culturales sin embargo, si son sostenidos por largo tiempo, pueden llegar a cristalizar en obras monumentales. Por lo que si aspiramos a responder a la velocidad requerida para revertir la pérdida del océano, es un deber de nuestra sociedad instalar activa y rápidamente todo un Sistema educativo para el cambio. Basado en experiencia acumulada, este sistema debe estimular la exploración activa del mar, la integración efectiva de ese conocimiento, y el deseo desenfrenado de cruzar la frontera de lo inalcanzable, para diseñar soluciones tangibles a los problemas de conservación del océano.

La responsabilidad para con nuestro océano, requiere no sucumbir ante soluciones simples y someras. Simplemente porque ni la biodiversidad marina, ni la educación que requerimos para su conservación son simples. Debemos aceptar que no existe una varita mágica capaz de resolver todo este azul problema. Aún con todas las áreas protegidas delineadas y creadas en un mapa, aún con todos los compromisos globales firmados en un acta, aún con todas las leyes que controlen el uso y mejoramiento del mar proclamadas, si esas declamaciones no se materializan e instalan en nuestra cultura, estos esfuerzos no serán más que gotas en un mar infinito.

Según ha indicado nuestro Canciller en más de una ocasión, el gran objetivo de esta Conferencia global es lograr que Estados y Organizaciones se comprometan con la conservación del océano.
Hemos traído acá, por el contrario, un compromiso ya adquirido hace tiempo. Demostrado en acciones concretas desplegadas a lo largo de Chile, implementando herramientas clave para gatillar el cambio cultural que nos permita avanzar en la conservación de este océano que hoy nos convoca.

También sabemos que este encuentro global es un acto político, y venimos acá con nuestro demostrado y viejo compromiso bajo  el brazo, para justamente eso: clamar por un nuevo pacto con la educación para la conservación de nuestro mar. Levantamos hoy acá nuestra mano, junto a las manos de decenas de niños y profesores de todo Chile, pidiendo apoyo para construir sobre la visión y experiencia acumulada una educación para la conservación efectiva del mar, y catalizar con ello los procesos de cambio que tan urgentemente reclama nuestro océano.

Si nuestro océano pudiese tomarse las calles, enarbolar pancartas, votar en las próximas elecciones, su demanda educativa estaría a la cabeza de sus protestas. Y su exigencia realista y sin renuncia, sería la de fortalecer, promover, integrar y amplificar, las iniciativas de educación que huérfana pero poderosamente han nacido a lo largo de nuestro país.

El compromiso que necesitamos hoy día del mundo político global y especialmente local, reunido en esta vitrina que mira el futuro del océano de nuestro planeta, es el apoyo para poder fortalecer y extender estas experiencias educativas a escalas que sean proporcionales al tamaño de los desafíos con que nos baña nuestro mar.


Desde este foro fundamentalmente político, la educación para la conservación del mar envía un mensaje: consigna sin sustancia no salva océanos. No protege ni permite restaurar ecosistemas degradados. No restituye servicios ecosistémicos disturbados. Esa sustancia y contenidos son generados por hombres y mujeres de ciencia. Hombres y mujeres de conservación. Los que con esfuerzo, a lo largo de Chile han reunido estos mundos en una educación con misión: la de cambiar el rumbo de nuestro mar, aspirando con ello a llevarlo al siguiente siglo.

La realización humana llega a su cima cuando el individuo es capaz de desplegar su potencial al máximo. Un país que no conoce su océano, no puede ofrecer más que una vida colectiva truncada. Imposibilitada de desplegarse en todo su esplendor, ni mucho menos de producir todo el bienestar posible de ser alcanzado. Nuestro país debe iniciar un viaje de auto-descubrimiento, entrando en la porción más profunda de su alma, que es nuestro océano. Basado en nuestras experiencias, auguramos que este viaje no solo será uno de los más grandes, sino de los más fértiles para nuestra nación.

Los esfuerzos que hemos desplegado a lo largo de los años en estas iniciativas  educativas han requerido coraje y creatividad. La proeza de develar el mar, el que naturalmente oculta sus maravillas bajo tules de variado azul, se duplica al considerar los prejuicios que derivan de la ignorancia sobre su operar, y sobre su rol en generar beneficios a la humanidad en el largo plazo. Y es exactamente ese el secreto de todo cambio cultural verdadero: la liberación de ataduras, la creación de la diáspora, y la remoción de los escombros que deja la ignorancia, ahuyentando pestes tan pestilentes como la desvaloración del mar.

Hoy invitamos a los líderes acá reunidos, a permitirse un lujo necesario, inspirado e inspirador: a permitir cambiar sus mentes. A dejar atrás ataduras culturales variadas, y abrazar la evidencia acumulada por años de experiencias educativas en torno al océano. A tomar estas nuevos y sabios lineamientos para cultivar la nueva y necesaria mirada. Y a dejarse guiar por las experiencias educativas ya florecidas, que cual estrellas de una nueva constelación, pueden servir de guía en la navegación hacia el porvenir.

Este no es un manifiesto vacío, sino que está sostenido en la experiencia acumulada por aquellos que estamos con las manos en la masa del  cambio. Ustedes lo pueden constatar en este mismo Congreso, donde este mismo momento estamos desarrollando un campamento científico marino, con niños de todo Chile: desde cálido norte hasta la fresca Tierra del Fuego, cuya organización ha requerido la confluencia de grandes cantidades de voluntades, las cuales hemos sabido no sólo convocar, sino articular de manera cooperativa, sinérgica y finalmente hermosa, para poder demostrar con hechos, la proclama que hoy enviamos desde esta sala.

Venimos a decirles quiénes somos. Venimos a compartir nuestra experiencia. En retorno pedimos vuestro complementario y simétrico compromiso…

¡Y esperamos estén dispuestos a entregarlo!

*Presentado en el Panel Pensando nuestro Océano, en la cumbre Nuestro Océano, Valparaíso, Octubre, 2015.

martes, 6 de octubre de 2015

Abriendo caminos a nuevos estándares para la conservación en áreas protegidas chilenas*

Estimadas, Estimados,

Ha sido un largo día, que ya se cierra... y junto con él, estamos comenzando a cerrar este proceso de compartir nuestro conocimiento y experiencia sobre la planificación estratégica para la conservación, a través del uso de los estándares abiertos.

Lo primero que corresponder agradecer. A Muchos. Agradecer al Ministerio de Medio Ambiente, liderados por Alejandra Figueroa, quienes nos abrieron la puerta para guiar este proceso, generando un espacio dentro del GEF-SNAP para que pudiésemos compartir lo que WCS ha diseñado/aprendido a lo largo del tiempo, tanto en el mundo como en Chile.

Agradecer a cada uno de los que han participado y apoyado este camino, socios de conservación, liderando sendos y bellos proyectos en San Juan de Piche, Juncal y Piti Palena-Añihué. Como nosotros, personas entusiastas, amantes y apasionadas por la biodiversidad, que procuran proteger y darle futuro en cada uno de sus proyectos. Generosos en disponer sus esfuerzos en la conservación de un patrimonio valioso para todos los chilenos, los de hoy y los de por venir. Patrimonio valioso para toda la humanidad.

Agradecer al equipo de WCS, liderado por Melissa Carmody, Rodrigo Guijón, Berta Holgado, María Acín y Karl Didier, quienes han conducido este proceso como deberían conducirse todos los procesos: con mirada de largo plazo, liderazgo inclusivo, transparencia activa, sinérgica creatividad, conocimiento avanzado y generoso, empatía a toda prueba y compromiso genuino con el que quizá sea el desafío más grande que enfrentamos hoy día como humanidad y país: el de mantener la naturaleza que nos da todo. 

Para cerrar nuestro trabajo de hoy, quiero destacar tres cosas que me parecen relevantes.

Recordar que la biodiversidad es un patrimonio común, crítico para el bienestar de los chilenos, la que dada su naturaleza: histórica, singular, ubicua, compleja, debe ser gestionado de manera inclusiva y cooperativa.

Ninguno de los actores que tiene a su cargo la custodia de patrimonio natural, aunque cuente con todo el poder que crea poseer (político, económico, u otro), podrá resolver por si sólo los problemas que deben ser abordados cuando hacemos conservación de biodiversidad.

El trabajo de conservación sin estas consideraciones, a lo más que puede aspirar es a tener la ilusión de la conservación. Ilusión que se desmorona a la vuelta de la esquina…de cada parque, de cada iniciativa realizada en aislamiento.
Por esto, cuando nos hacemos cargo de que la biodiversidad es común, nos percatamos que la única forma de hacer conservación efectiva requiere del trabajo cooperativo e integrado.

Como hemos aprendido en este proceso, si esta tarea se basa en el mejor conocimiento que dispongamos (no sólo científico-ecológico, sino humano en el amplio sentido de lo humano), con mirada de largo plazo, con gran espacio para la adaptación y el aprendizaje, entonces tendremos la mitad de nuestra tarea ganada. Todo esto es fácil de decir, pero mucho más complicado de materializar.

Y para eso existen herramientas, y la herramienta más poderosa creada hasta la fecha para guiar estos procesos son efectivamente los estándares abiertos. Por eso WCS, líder global en conservación de biodiversidad los fortalece y promueve. 
Destacar que los estándares abiertos definen justamente eso: estándares, abriendo la oportunidad de mejorar, entregando elementos para avanzar y sobre todo pensar en grande y pensar en lo importante.

Pues el foco que proponen es real, no administrativo. No sólo en investigación, no sólo en capacidad humana…todos estos elementos clave para la gestión de la conservación, sino en la biodiversidad per se. Aquella que está en nuestros territorios, en nuestro mar, en nuestros humedales, en nuestras ciudades. Aquellos ecosistemas, especies, o procesos ecológicos que son clave o relevantes para mantener, o recuperar la integridad de la vida en un sitio y momento dado. Dándole la posibilidad de permanecer en el tiempo. O sea…hacer conservación efectiva.

Y dado que Chile está en proceso, por primera vez en su historia de entregar al Estado Chileno el mandato de velar por la conservación de la biodiversidad a través de la Ley de Biodiversidad y Áreas Protegidas, la que esperemos se apruebe pronta y buenamente... El camino que estamos recorriendo, juntos, de avanzar en el entendimiento y promoción de los estándares abiertos, nos permite adelantar y estar preparados para lo que viene.

Que nos permita implementar efectivamente lo que propone este proyecto GEF: el diseño y desarrollo de un sistema integrado, público-privado, marino terrestre, que pueda servir de matriz para proteger parte importante del patrimonio natural chileno.
Quiero terminar destacando dos aprendizajes fuertes. El primero es la necesidad de proyectar este proceso de aprendizaje inclusivo, con alta calidad técnica y guía estratégica, hacia adelante. En estos seis meses de trabajo hemos dado el puntapié inicial, pero sabemos que el partido recién está comenzando.

Hay mucho por construir, tanto en el espacio de cada iniciativa de conservación, como en la integración sinérgica, complementaria y sistémica de todas ellas. Mucha capacidad por desarrollar, muchos liderazgos por fortalecer, mucha cooperación por construir. Este camino debemos recorrerlo. Idealmente debería ser guiado y catalizado…, pero debe ser recorrido.

Y por lo mismo, el último y poderoso aprendizaje que destacamos es a seguir el ejemplo entregado por nuestros socios en conservación: San Juan de Piche, Juncal, Piti Palena-Añihué: de tirarnos a la piscina de la conservación. Pues haciendo es como mejor podremos aprender. Cada uno por separado, y todos en conjunto. Asumiendo un rol proactivo en sumar esfuerzos por mejorar la gestión que cada uno hace, desde cada una de nuestras tribunas.

Disponerse a errar a la vez que abrir cabeza y corazón para aprender de nuestros errores. Enfatizando el colectivo proceso de aprendizaje por sobre la meta inerte. Será esta quizá el mayor y mejor motor de gestión de la conservación que podamos proponer. E invitamos a todos los interesados a sumarse a este proceso.

Al decir adiós y antes de invitarlos al café, no quiero sino recalcar el demostrado compromiso que tenemos en WCS de promover el conocimiento, valoración y conservación de la biodiversidad de nuestro Chile. Junto al Ministerio de Medio Ambiente y todos los socios con los que trabajamos en diferentes rincones de este planeta no nos perdemos: tenemos la vista puesta en un objetivo común, pero entendemos que el camino para llegar a él lo construimos día a día, con conocimiento, con integración, con cooperación, con mirada de largo plazo.

Alimentamos día a día esta comunidad de conservación, pública-privada, generando en el camino la confianza necesaria para construir con otros, para equivocarnos y encontrar el camino con otros, para celebrar el valor de la construcción cooperativa, imprescindible  para generar bien común, bien que brota irremediablemente cuando conservamos biodiversidad.


Muchas gracias y felicitaciones a cada uno!

*Discurso de Taller de cierre de Proyecto Análisis, Adaptación y Sistematización de Estándares para la Planificación del Manejo en Iniciativas de Conservación Privada y Áreas Marinas y Costeras Protegidas de Múltiples Usos. GEF-SNAP