miércoles, 11 de septiembre de 2013

Todas íbamos a ser madres....una compartida razón para la conservación

Vine a Puerto Madryn a ver ballenas. Trabajando en WCS venía escuchando hace años del prodigioso mar atlántico y de su magnífica fauna marina, pues fue nuestra organización la que cimentó el conocimiento y valoración de la diversidad marina de esta parte del mundo. Y que hoy sostiene una bullante actividad turística en estas alejadas costas patagónicas. Una gran población de ballenas francas viene año a año a reproducirse en esta zona, la cual han recuperado luego de que por años fuera utilizada para prácticas de guerra.

Vine con mi vida de siempre. La de una bióloga de la conservación que entiende muy profundamente del valor de la biodiversidad para el bienestar de la humanidad. De la complejidad de esta biodiversidad, cuya mayor desgracia es ser invisible. Pues la mayoría de las especies y de las cosas que hacen (que finalmente terminan por generar todos los elementos mínimos que permiten la vida humana (y la de otros!) en este azul planeta), no son atractivas para nada. No son como las ballenas.

Pero igual me vine a Madryn, curiosa por conocer a estos emblemáticos animales, que poco o nada tienen que ver con los desafíos y necesidades más urgentes de la conservación de la biodiversidad. Al menos de los desafíos que yo conozco.

Cachorro de ballena franca saltando gozoso
Y allí estaban estos gigantes de alquitrán! Madres con sus cachorros revoloteando en las someras y azules aguas del Chubut. Jugueteando, saltando y cantando. Disfrutando unas con otras, acariciándose de mil formas. Gozando este gigantesco y maternal momento, embriagadas del ahora. Sin conciencia de su incierto futuro.



Y miraba este espectáculo junto a mis hijos. Mientras yo misma jugueteaba con ellos a esquivar el viento. A mojar nuestros pies. Mientras yo misma acariciaba y besaba sus cabezas, disfrutando de sus risas y juegos. Gozando de mi propio y gigantesco maternal momento. Embriagada del ahora.

Dejé que mi vida de siempre abandonara mi cuerpo. Y que mi entendimiento racional de la conservación de la biodiversidad quedara relegado hasta nuevo aviso. Sólo quería permanecer allí. Admirando esta danza gigante en el agua. Este goce titánico de estas madres y sus hijos. Tal como el mío con mis propios cachorros. En la playa...sus cachorros y los míos....todas madres...

Cachorros de Bárbara saltando gozosos
Y finalmente mientras escribo pienso en la madre de todos: natura. En su magnífica creación de vida, que nos sostiene a todas las madres...y en su incierto futuro. Y re-concilio mi vida de siempre con el goce que me da esta nueva mirada: la de una madre ballena correteando por el mar con su cría. Y paradojalmente, aunque el desafío de la conservación de estos gigantes marinos es titánico, en vez de angustiarme duermo tranquila. Ahíta. Llena.

8 comentarios:

Susana dijo...

Linda y maravillosa: Bárbara y sus cachorros... Gracias.

Gabriela Luco dijo...

Que lindo Barbara !!!!Llegue a sentir el viento del que hablas y me dieron unas ganas locas de estar en ese lugar

Carmen Gloria Caamaño dijo...

Gracias Bárvara por compartir tan lindas emociones.

Marioli Saldías dijo...

Linda B!! Muchas gracias por compatir tu Ser-Madre-Hija. Bendiciones!

agrez dijo...

Pura y profunda emoción!!!

Anónimo dijo...

Bárbara, me parece estar allí al leer tu emocionante escrito.
Un fuerte abrazo.
Magdalena

Lorena Gana dijo...

Qué bella experiencia, Bárbara, vi todas tus fotos vía Angelina. Gracias!Podríamos experimentar la materna madre gigantesca aquí también, en el patio trasero, el árbol del frente, la plaza,y alguna vez en Madryn.

Gabriel Bunster dijo...

Traes esas vistas de ballenas madres y sus cachorros que juegan en el océano remoto, frío y ventoso, que conectan contigo, madre también con hijos que saltan al compás de los críos de las ballenas. Conexión hermosa, emocionante, alegre, vibrante. Gracias por extender esta conexión.
Abrazos